18 diciembre, 2005

La Memoria: la Bañeza

Vaya por delante un fragmento de la Jota bañezana:

Amor mío, si te vas
escríbeme en el camino
y si no tienes papel,
en la hoja de un olivo.

Galán te quise, hoy no te quiero;
Tuve ese gusto, hoy no lo tengo;
Hoy no lo tengo, ni me acomoda;
Galán, contigo, no quiero broma.

Amor mío, si te vas,
con intención de olvidarme
Dios quiera que en el camino
se abra la tierra y te trague.

Galán te quise, hoy no te quiero;
Tuve ese gusto, hoy no lo tengo;
Hoy no lo tengo, ni me acomoda;
Galán, contigo, no quiero broma.

Dicen algunos que no se sabe de dónde soy; Seguramente no soy de ningún sitio, sólo del lugar en el que estoy en este momento.

Pero tengo recuerdos estupendos de las vacaciones en la Bañeza. Es la tierra de mi madre, el único sitio en que mi infancia protegida y urbana fue libre. La casa de mis abuelos, el frío castellano espantoso, el brasero, las sábanas congeladas, el verano charlando con los dueños de la carpintería al final de la calle después de robar albaricoques...era estupendo dar de comer a unas gallinas, oir como se grapaban aquellas olorosas cajas de madera, los días de mercado...Mis abuelos vivían en la calle de La Laguna y, más de treinta años después, yo también vivo en una calle con ese nombre.

Mis abuelos: Él, tan creativo, siempre con los bolsillos llenos de puntas, tornillos, cabos de velas, trozos de nada....siempre haciendo experimentos; Je, recuerdo cuando decidió dedicarse a criar conejos de indias para comer....casi inunda el pueblo con los malditos bichos....Ella, tan sensata, gordita y rigurosa ...siempre cocinando para todos (cómo salíamos zumbando de casa "a tomar el aperitivo" cuando tocaba retorcerle el pescuezo a una gallina). Un verano, alguien me regaló unos conejitos preciosos y todos me convencieron para que los dejase allí, porque iban a ser más felices...llamé a mi abuela tiempo después y me dijo: "Los conejos? Riquísimos!"

Mi amiga Mili: Tenía una casa fascinante, relucía como un palacio y había que ponerse patines de fieltro al entrar. Las alfombrillas de su habitación eran de peluche (se llamaban de "Dacha") y cambiaban de color cuando les pasabas la mano a contrapelo; Me alucinaba esa casa que no se podía usar; El comedor era intocable, se comía en la cocina, las alfombras se escondían debajo de las camas...

Comilonas de ancas de ranas, jamón, aquel porrón que mi abuelo decía que sólo tenía gaseosa, pero que estaba "enriquecido" para fortalecer a los nietos...el desván y los cancanes de mis tías....la terrible amenaza al fondo del jardín "no os acerqueis al pozo negro"...

La felicidad era pasar por detrás de mi abuela cuando estaba lavando los platos; El paso era tan estrecho y ella tan gorda que, a la tercera vez, se cabreaba. Bueno, también era divertido poner cara impasible cuando decía lo que había de cena:" teneis jamón, teneis chuletas, teneis la gallina del medio día, teneis chorizo....etc...." Mi hermano y yo poniamos cara de piedra, hasta que la pobre mujer, desesperada porque no nos gustaba nada decía: "Y TENEIS HUEVOS!!!!!!!!" y ahí nos escojonábamos de risa y creo que mi madre también!

Mi hija vive en un pueblo. Tenía que regalarle esa infancia.

5 comentarios:

Sonia dijo...

Diez de diez, Vevita. Entrañable. A mí, que también soy urbanita, me ha recordado los veranos que pasaba en el pueblo donde ejercía mi tía, en la montaña, y las veces que iba a casa de mis abuelos, pero más al norte, en plena montaña. Sólo un "pero", bonita: el frío es pelón, efectivamente, pero leonés, no castellano, ¿vale? Puntualicemos como Dios manda. Besines.

Veva dijo...

Ya empezamos con los nacionalismos......

duende dijo...

Mi recuerdo del "pueblo" es genial, nos tirábamos tipo tarzán con cuerdas encima de un gigantesco montón de paja de 5 o 6 metros de altura, lo bueno no era tirarse, sino conseguir salir

Anónimo dijo...

Maravilloso tu retrato de la infancia en el pueblo. Volver a los recuerdos de la infancia es regresar a todo lo que nos gustaba, o a casi todo. Mi infancia,durante el verano, me liberaba de todo, de los gritos de mi madre, de las comodidades q había en mi casa, del tener q ir limpia a todas partes, de la formalidad. ¡Pues no he robado fruta ni nada! ¡Y qué rica estaba la del vecino aunque mi abuelo tenía una de las mejores huertas de la aldea! ¿Sabéis? La boca se me hace agua recordando el sabor de aquella peras de manteca que mi abuelo,un enorme hombretón hosco, serio y encorvado con sus casi dos metros de altura, nos guardaba, sin embargo, en el hórreo esperando nuestra llegada.
Sabores y olores guardo de mi infancia en la aldea: el olor de eucalipto al arder en la lareira, el aire limpio, la manzanas de San Juan, las rojas cerezas de la huerta de mi abuelo y el olor de la hierba recién cortada y de las vacas. Me sentía como una reina en su carroza cuando iba subida en el carro de vacas encima de un montón de hierba recién cortada...
Eso sí, no paraba de mancharme (para desesperación de mi tía, que era la que lavaba la ropa) y de caerme en los lugares más mojados, empantanados y, por lo tanto, resbaladizos. No vayáis a creer que la niña era torpe ¿eh?

Susana dijo...

Bueno, yo no soy muy dada a esto de dejar comentarios por los blogs, y menos cuando no conozco a la persona a la que se lo dejo, pero en esta ocasion merece la pena. Yo soy de la Bañeza y me ha parecido un relato muy enternecedor que me trajo a la memoria la infancia que muchas veces dejo olvidada. Yo era de San Esteban de Nogales, mucho mas pequeño que la Bañeza asi que nuestras pequeñas grandes travesuras no podian pasar desapercibidas.
Solo queria dejarte aqui un saludo, y que se agradece que de vez en cuando alguien recuerde La Bañeza con buenas palabras.