24 enero, 2006

Clases de Filosofía

Al hilo del post anterior supongo que tengo que precisar, para quienes no me conoceis en persona, que soy profe de Filosofía. Como les digo a los alumnos, en Filo tenemos una ventaja; Cuando parece que se nos va la olla con un tema transversal, en realidad estamos ciñéndonos al programa más que nunca.

Mi especialidad es la Filosofía de la Ciencia, pero no existe ningún aspecto filosófico que no este impregnado de Ética. Por eso temas como la transexualidad encajan perfectamente y sin resultar forzados.

Tolerancia y respeto por las diferencias son conceptos que todos asumimos. Sin embargo, en muchas ocasiones, toleramos aquello que nos la refanfinfla y respetamos lo que consideramos raro pero no afecta a nuestras vidas. Me refiero a esas veces en que nos encogemos de hombros y pensamos "hay gente pa tó".


El auténtico respeto es similar a la compasión (leed al duende) ; Respeto no es "a mi que me importas, haz lo que quieras", respeto es "joer, si yo fuera tu, si yo viviera lo que tu vives....qué pensaría, qué haría, qué sentiría?".Tolerar es comprender, respetar es aceptar el sufrimiento ajeno; Aunque no lo entendamos, como en el caso de la chica preciosa y delgadita, con éxito en los estudios que decide dejar de comer. O la mujer que dice que necesita hacerse unos pechos nuevos, el hombre que quiere otra vida, el muchacho que cree que nadie le quiere y todavía no sabe quién es....

Cada vez que alguien se encoge de hombros y dice, "pero si lo tienes todo!" "eso son tonterías!", "deja de comerte el coco con idioteces!" y sobre todo, esa gloriosa frase: "yo que tu.....".Cada vez que alguien habla así, retrocede un pasito, aún sin saberlo. Y el trabajo de quienes hablamos con adolescentes es intentar que no actúen así. Los adolescentes son egoístas y empáticos a la vez, están en el mejor momento para aprender a entender a los diferentes, porque ellos mismos se sienten distintos e incomprendidos.

Claro que cuando saque el tema de la transexualidad se van a oir risitas....pero no importa cómo empieza una clase, sino cómo termina, no?

5 comentarios:

duende dijo...

Para eso 1º debes descongelarte jejejej.

Veva dijo...

Di que si. Yo cogí este frío atroz por ir mal vestida (y me duele todo, es espantoso) pero no entiendo cómo no os poneis en huelga las de E.F. del Insti, con ese frío atroz que os va a joder la salud y la alegría de vivir (Je). De verdad que en cuanto cerreis el chiringuito nos solidarizamos. A jugar al parchis todo el alumnado, qué carallo!

Marisoni dijo...

Y que lo digas, chata. Yo ya me estoy arrepintiendo de los refuerzos de inglés con los ordenadores... El viernes llevo el termómetro a la sala. Yo también apoyaría una huelga.

Anónimo dijo...

ridiculo es la frase que lei

Enkil dijo...

Siguiendo con el tema del respeto, me has hecho recordar nuevamente algo que me ocurrió ayer.


Sobre las 2 y media de la madrugada ó 3, zona de bares. Unos tipos cantando algo de España y uno levantando el brazo con la mano bien tiesa, como si le hubiera dado un calambre y se le hubiera quedado mirando de reojo al cielo (ya me entendéis ¬_¬'). Más adelante, a unos 25 ó 50 metros, un chico da un porrazo a la pared de metal que tenía delante gritando algo. Ya de mala leche por ver a ese grupo de antes, me asusté por el golpe hasta que le oí gritar "Malditos racistas! no es justo, son todos unos racistas!."


Se trataba de un chico de unos veintitantos o treinta y pico años, muy bien vestido, repeinado, pero con los ojos brillantes (lágrimas de rabia?), yo lo ví, bajé la cabeza y sólo se me ocurrió susurrarle cuando pasé por su lado "Shaloom, shaloom". Él me contéstó "Malecúm shaloom" (no sé cómo se escribe) y me dijo algo en árabe, a lo que me giré para verle y lanzarle una sonrisa amarga. De nuevo, empezó a decir que era una injusticia, mirándome. Yo, con la cara algo descompuesta de la rabia por imaginar lo que me supongo que habría pasado y con un pequeño nudo en la garganta asentí.


No me pude parar, mis amigos ya iban por delante y no podía (o no quería?) parar, pero me hubiese encantado pararme, cogerle, abrazarle, decirle que no todos los españoles somos así. Que la vida no es justa, que ojalá ciertos cráneos huecos mirasen cosa de 50 años atrás y se acordaran de nuestra propia historia.

"Algo habrá hecho, seguro" me dijo uno de mis amigos. Yo le recriminé que dijera eso, no sabíamos lo que había pasado, pero tampoco creo que él se hubiera comportado mal, sólo se parecía demasiado al tal Riejkegaard ese, el entrenador del Barça.


Y con ese sentimiento de impotencia, de rabia, seguí durante la noche. Un par de horas más (por un día que salía), pero me encontraba mal. Me fui a casa, me duché, me acosté, pero pensando en ese chico, en su mirada. Y así me he levantado esta mañana.





Cuando alguien me cuenta algún problema suelo contestar que no sé qué haría o quizá le doy algún consejo, pero siempre con la coletilla final de "...pero es que no lo sé, no sé lo que haría", porque son cosas tan personales, tan íntimas que no puedes afirmar que actuarías de una manera u otra si te tocase vivirlo a ti. Si todo supiéramos y quisiésemos empatizar con el vecino de enfrente, otro cuervo graznaría. Pero qué leches, con lo bien que vivimos pensando únicamente en nuestro propio ombligo ¿para qué mirar más allá?