28 junio, 2008

Recuperar a Olga

Estudiamos juntas. Cuando nos hicimos amigas recuerdo que me confesó que, al conocerme, pensó que nunca había visto una chica tan fea (fue mi primera fase hikikomori, a los 19 años). Tuvimos una amistad estupenda que se jodió, aunque ella dice que no se acuerda, cuando yo fui una bocazas y conté donde no debía una cosa íntima que ella me había confiado.Lo hice horriblemente mal y alguien se encargó de difundir la especie y de contárselo. Lo siento, Olga, lo he sentido durante años.

Sus hermanas y ella me acogieron a la hora de la comida cuando yo compartía piso con una gente que no me gustaba, especialmente un ser peculiar al que llamábamos "El Fabadas", un tipo especial, algo corto de mente y poco aficionado al jabón. Luego, un día, me dijeron lo que yo debería haber visto antes. Que ellas eran una familia y que de ONG se puede hacer un rato, pero otra cosa es adoptar.

Años después, ya mamá, mi hija estaba muy malita ingresada en el hospital donde la hermana de Olga trabajaba. Olga no quiso contactar conmigo. No se lo reproché, pero me dolió, la verdad.

Y ahora ella me ha encontrado por este blog y me ha llamado toda nerviosa, para recuperar nuestra vieja amistad. Como soy tan torpe por teléfono, seguro que no le he transmitido la ilusión que me hace y lo valiente que pienso que es.

Nunca me olvidé de ti, Olga. Fuiste el inicio de una serie de amistades con chicas más altísimas que yo; Jo, parece que tengo vocación de llavero! (bueno, antes era un llavero menudillo, ahora soy un llavero pelotija). La cosa es que estoy sorprendida y encantada de haber oído tu voz, de recuperar una amistad que nunca quise perder.

Olga fue la persona a la que llamó mi madre cundo se suicidó mi hermano. Esa chica de 22 años vino a mi casa y me dijo que llamase a mi madre. Recuerdo que se sorprendió muchísimo de que no saliese corrriendo en chandal al teléfono del bar. Me tome mi tiempo, me arreglé, me pinté, me puse un vestido de lana rojo (qué curioso, una se acuerda de cada tontería!)y luego bajé. Todavía veo la cara de preocupación de Olga.

No me he olvidado, boba, fuiste mi primera mejor amiga.